ESCULTURA PÚBLICA

En el pasado, la escultura pública gozó de alta popularidad porque en los monumentos que se levantaban los ciudadanos se reconocían a través de lo que las obras escenificaban o representaban, admiraban a sus héroes, podían contemplar su pasado más reciente, o bien, les hacía pensar sobre acontecimientos históricos con los que se identificaban.

Hasta tal punto los habitantes de las ciudades se implicaban en el espacio cívico que contribuían de distintas formas en la determinación del ornato urbano. Se podría llegar a afirmar que, en el siglo XIX, comenzó a manifestarse un amplio proceso de socialización de la vida en las ciudades, de participación activa de los ciudadanos, que tuvo en la ornamentación urbana con obras escultóricas uno de sus principales motores.

Observamos una tendencia a olvidar la historia de la ciudad. Los monumentos contemporáneos son percibidos por la población desprotegidos de cualquier recuerdo, de cualquier evocación, de manera que los ciudadanos desconocen cuál es la razón de su objeto, cuál es su significado y qué finalidad se pretende con su erección. Dicho en otros términos, las obras escultóricas urbanas contemporáneas han ido perdiendo su razón de ser o, al menos, se presentan como monumentos sin un significado claro.

LOS INICIOS DE LA ESCULTURA PÚBLICA EN VALENCIA

A finales del siglo XVI el paso por la ciudad de Valencia del río Guadalaviar obligó a crear un trazado de pretiles y puentes que comunicasen la ciudad amurallada medieval con el extrarradio. Estos cinco puentes conducían a las principales puertas de acceso a la ciudad. Las primeras muestras en piedra de escultura pública urbana en Valencia datan del siglo XVII, y se localizaron precisamente sobre esos pretiles y puentes. Fue a iniciativa de los jurados de la ciudad dotar con imágenes de contenido religioso los puentes y las puertas de
la ciudad.

Esta costumbre de que imágenes religiosas presidiesen grandes obras públicas hay que relacionarla con el elevado sentimiento religioso de su tiempo, así como con la importancia que la Iglesia había alcanzado en esa época y con la idea de que esas imágenes religiosas podían proteger o salvaguardar la ciudad.

El mármol de las canteras de Génova era el material al que recurrían cuando se quería dotar a la escultura de una mayor relevancia respecto del resto de los monumentos públicos. Muchas de estas esculturas fueron terminadas policromadas, bien, fueron concebidas con algunos elementos metálicos añadidos y unidos a la piedra: hierro, bronce o latón.

Hasta alcanzar la segunda mitad del siglo XIX la mayoría de las obras de la escultura pública valenciana representaron asuntos religiosos. Sólo a partir de este momento comenzaron a aparecer obras de género profano e incluso mitológico, figuras de la historia valenciana pasada y reciente, además de artistas,escritores, héroes y científicos.

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